A veces nos obsesionamos con planearlo todo.
Como nos gustaría que hubiera sido nuestro pasado, como queremos que sea nuestro presente y también nuestro futuro. Lo peor de todo es que no podemos volver al pasado para hacer todo aquello, como desearíamos que fuera.
Tampoco podemos saber que ocurrirá en nuestro futuro, porque todo en cuestión de segundos puede llegar a romperse.
Así que lo mejor será luchar por un presente que merezca la pena, día a día, cueste lo que cueste.
Con una sonrisa de esas de comerse el mundo y mil ganas de seguir adelante.
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